El Mensajero - Edición 3 (marzo y abril 2008)

EDITORIAL

Estamos en la época del año en que todos los cristianos recordamos con más fervor todo lo que Jesús vino a traernos. Fue tan grande y profundo el mensaje que hoy en día podemos decir que es el personaje más famoso de toda la historia de la humanidad.

Recordemos que su sacrificio no solo fue durante el Calvario. Antes de su reencarnación en la Tierra, hubo una preparación fluídica para poder hacerse valer de un cuerpo material y estar entre nosotros. Todo fue sacrificio en su vida.

La palabra sacrificio conlleva renuncia a nuestras comodidades, a nuestros vicios. El mundo que nos rodea nos estimula los sentidos y nos hace que nos apeguemos al materialismo. Debemos, pues, buscar un equilibrio que nos lleve a buscar y valorara aquello que en esencia somos espiritualmente.

Debemos valorar el sacrificio de Jesús a través de la práctica incondicional de sus enseñanzas. Comencemos hoy practicando el único mandamiento que nos dejó y que es “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.

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