186 Aniversario del Natalicio del Dr. Bezerra de Menezes

Dr. Adolfo Bezerra de Menezes Cavalcanti

         “Médico de los Pobres”

En la madrugada del 29 de agosto de 1831 se incorpora a la vida física el espíritu de Adolfo, en Riacho do Sangue, en el Estado de Ceará. Sus padres, católicos, Antonio Bezerra de Menezes y Fabiana de Jesús María Bezerra, gozan de una buena situación económica al poseer ganaderías, aunque pasados los años su fortuna se extinguió debido a la conducta del corazón bondadoso del “viejo coronel”, al verificar que las deudas superaban sus beneficios. Llegaron a tal situación que apenas tenían para mantener a los dos hijos mayores que estudiaban leyes y al pequeño Adolfo, el menos favorecido, que estaba terminando su curso de escuela preparatoria. Contaba apenas siete años de edad cuando su madre lo llevó de la mano y lo matriculó en la escuela pública de la villa del Frade. Por cierto, que a esta edad oyó decir que las almas de los muertos vienen constantemente a visitar a los vivos y esto causó una profunda impresión en el cerebro del pequeño, que pasó varias noches alarmado y asustado. En diez meses, desarrolló la lectura, la escritura y cálculos.

En 1842 su familia se mudó para el Río Grande del Norte, en consecuencia de la persecución política. En 1846, la familia de vuelta se mudó para el Ceará, fijando residencia en la capital. Entró para el Liceo, allí existente, y completó sus estudios preparatorios como el primer alumno del Liceo. En el año de 1851, el mismo de la muerte de su padre, se mudó para el Río de Janeiro, ingresando el año siguiente, como practicante interno en el Hospital Santa Casa de Misericordia. Para poder estudiar, dio clases de Filosofía y Matemáticas. Obtuvo el Doctorado en 1856 por la Facultad de Medicina, defendiendo la tesis: "Diagnóstico del Cancro” (Cancer). 

Hizo matrimonio con María Cándida de Lacerda, en 6 de noviembre de 1858. En el otoño de 1863 la bondadosa esposa, después de una imprevisible y rápida enfermedad, abandonó este mundo, dejando a Bezerra totalmente desconsolado con dos hijos, uno de tres y otro de un año de edad, creándole una gran crisis que fue superada por su temperamento. Buscando consuelo, Bezerra, se volcó en la religión y comenzó a leer la Biblia, meditando largamente sobre su contenido. En aquella época, en Brasil, especialmente en Rio de Janeiro, el ambiente era muy favorable a la homeopatía, donde pasado el tiempo apareció el Espiritismo en Brasil, y los libros de Kardec empezaron a llegar, creando controversias y polémicas apasionadas que se encendían cada vez más. Pero la muerte de Allan Kardec dejó al inmenso grupo de espiritistas sin su orientador.

 

Elementos homeopáticos de los más brillantes entraron a colaborar con ardor en la siembra espírita, que una de las formas de hacer caridad fue el tratamiento gratuito a los pobres para la cura de sus enfermedades a través de la homeopatía. El Dr. Travassos, del Grupo Espírita Confucio, se apresuró a llevar un ejemplar de El libro de los Espíritus al conocido diputado Bezerra de Menezes. Lo encontró en la ciudad cuando se dirigía a tomar el tranvía de retorno a su hogar. Después de instalarse en su asiento, abrió el volumen y corrió los ojos por algunas de sus páginas. «¡Ora Dios! ¡No iré con certeza al infierno, sólo por leer esto!…» pronunció y se volcó vivamente en su lectura. A medida que avanzaba en el texto, una intensa perplejidad lo invadía. Leamos sus propias palabras: «Leía. Mas no encontraba nada que no fuese nuevo para mi Espíritu. ¡Entre tanto todo aquello era nuevo para mí!… Yo ya había leído y oído todo lo que se hallaba en El Libro de los Espíritus… Me preocupé seriamente con este hecho maravilloso y a me decía a mí mismo: parece que yo era espírita inconsciente, o, como se dice vulgarmente, de nacimiento.» Tal hecho, como vemos, le impresionó vivamente. Más tarde, sin embargo, consiguió comprender la causa de ese fenómeno, pues él era ya un espírita inconsciente.

El 21 de enero de 1865 se casa en segundas nupcias con Doña Cándida Augusta de Lacerda Machado, hermana de su primera mujer y de quien tuvo siete hijos. En este caso fue la compañera que le acompañó hasta que él cerró sus ojos, siguiéndolo y amparándolo con un desvelo y cariño verdaderamente extraordinarios. Bezerra multiplicaba entonces su actividad, desdoblándose para atender tanto servicio. Su nombre fue aclamado en la Cámara donde fue elegido diputado general en 1867, manteniendo tremendas luchas, combatiendo, especialmente con el Ministro Zacarias. Eran tiempos tumultuosos en la política del país, hasta el punto que la Cámara se disolvió. Al tiempo que Bezerra profundizaba en las enseñanzas de la Doctrina Espírita, más inconvenientes se presentaban políticamente a él. Mientras tanto, el Espiritismo seguía ganando adeptos, aunque surgieron dos partidos: el de los científicos y el de los místicos. En 1876 nace la primera sociedad kardecista de Rio de Janeiro.
Augusto Elías da Silva, funda El Reformador, órgano eminentemente espírita, que recibe de la prensa diaria del país continuas críticas, insultos, etc. Es por ello que en el ansia incontenida de evitar tales ataques, acude a Bezerra de Menezes, cuya alma ya se encontraba impregnada de la sabiduría, y éste aconseja al eminente periodista seguir la campaña apenas comenzada. Esto sucedía en 1883. Los Centros Espíritas trabajaban autónomamente. Cada uno de ellos ejercía su actividad en un determinado sector, casi sin conocimiento de las acciones de los demás centros. Urgía un sistema de disciplina y orden, y nació la idea de la unificación, instaurándose la “Federación Espírita Brasileña”, siendo su papel el de federar a todos los grupos. Sus fundadores fueron las figuras más relevantes de la doctrina, y que al tiempo lo eran de la sociedad y de la política. Pero Bezerra no estaba dispuesto a presidir la Federación. Sólo al cabo de unos años, el 16 de agosto de 1886, en un auditorio de cerca de dos mil personas, sus palabras resonaron para proclamar a los cuatro vientos su adhesión al Espiritismo, lo que provocó a la sociedad brasileña un extraordinario estremecimiento.

No se juzgaba superior a nadie, pero en su corazón, pleno de serena magnitud, vibraban los sabios conceptos de Jesús. Y cuando los últimos reflejos de su vida lo retuvieron, semimuerto, durante meses sobre un lecho humilde, sin poder emitir una sola palabra debido a la parálisis que dominaba su lengua, viviendo el drama terrible de la agonía, fue aún la bondad de los amigos y de la gente más próxima que lo premiaron con sus gestos emocionantes de profundo reconocimiento. En un día espléndido y con un sol radiante, falleció a las once y media del día 11 de abril de 1900. El Espíritu altamente iluminado del gran médico continúa, hasta hoy, dispensando su amparo caritativo a todos aquellos que le demandan en busca de bálsamo para el cuerpo o de paz para el espíritu.

Muchos relatos podríamos transcribir sobre lo hecho por este discípulo del Maestro. Sin embargo habiendo sido promovido en el Mundo Espiritual, a esferas superiores, a instancias de María, decidió quedarse en las esferas más próximas a la Tierra, por amor a la humanidad que en ella viaja, aun distante del camino marcado por el Evangelio Redivivo.

Es prueba más que suficiente sobre su desprendimiento y entrega a la causa del servicio y socorro de quienes aun necesitamos, fortalecimiento, inspiración y coraje para afrontar las pruebas que la evolución nos demanda.